Hablar (o escribir)
Resulta sorprendente como las personas nos adherimos a las cosas más singulares de la vida, como existe una necesidad camuflada entre el azar y el deseo de regresar cada vez con más frecuencia, o sino con más frecuencia, sí con más avidez, a aquello en lo que nos creemos que somos.
Cuando uno se encuentra entre las letras, y convierte el juego de su orden en el reloj que impulsa una mañana, y más a menudo las noches, descubre que las palabras son tanto uno mismo que no se puede prescindir de ellas, porque en las palabras uno consigue ser lo que a menudo no consigue con los gestos y con la voz. Y si pudiera parecer una contradicción que, estando como estados dotados de la voz no fuéramos capaces de sacarle el máximo partido, no existe esta cuando uno va más allá y comprende que el verdadero don es el lenguaje, y que fuimos creados con diversos instrumentos de uso, puesto que no todos tienen la misma habilidad manual ni la misma eficacia mental, otros no consiguen expresar con su boca aquello que se derrama como agua en la fuente sobre un papel, aunque sea virtual.
Es por ello, que algunos de nosotros, aunque nos cierren nuestro lugar habitual, como si una tormenta inesperada hubiera arrancado nuestras viviendas, imitando las andanzas de los tornados de Kansas, encontramos cualquier pedazo de material, para seguir diciendo aquello que es, al fin y al cabo, ni más ni menos que nuestro día a día.
De regreso a la coctelera, espero temporalmente, hasta que consiga rehabilitar mi blog habitual.


naná dijo
es que hay cosas que parece que solo tengan sentido por escrito... igual que otras solo las podemos decir en voz baja o gritarlas...
yo ya sabes que voy de aquí para allá... es lo que tiene ser multiblog... jajajaja...
tendrá eso algo que ver con eso que dice mi madre de que no callo no debajo del agua? jejejeje...
de vuelta en la cocte... yo publicaría... pero no recuerdo el código para entrar... jajajaja...
besos guapa!!!
8 Octubre 2010 | 09:24 AM